Hay un argumento a favor del euro digital que casi nunca llega a los titulares,
y es el más incómodo de rebatir: el efectivo se está usando menos, y el
efectivo es lo único que hoy no exige a nadie tener un móvil, una cuenta o
saber manejar una aplicación .
También hay una objeción simétrica y del mismo peso: un medio de pago que vive
en una aplicación es una forma nueva de dejar fuera exactamente a la misma
gente.
Esta pieza no elige bando. Separa cosas: qué afirma el BCE, qué obligaría la
norma, qué es una estimación, quién critica qué y qué sigue sin respuesta.
Antes de discutir soluciones conviene medir a cuánta gente afecta.
Ese 93% deja fuera a aproximadamente una de cada catorce personas adultas
de la zona del euro. No es un margen estadístico: es el grupo del que trata
todo este artículo.
Aprobado y en vigor
El mismo estudio, basado en 40.981 respuestas de 18 países del euro,
muestra que las personas de 65 años o más son las que más usan efectivo
en tienda —57% de sus operaciones— y las que menos pagan en línea: 16%
de sus pagos cotidianos, frente al 26% de los menores de 40.
Y el suelo se mueve: el efectivo pasó del 72% de las operaciones en tienda en
2019 al 59% en 2022 y al 52% en 2024 .
Opinión editorial
Esa serie es el verdadero argumento de inclusión del proyecto, y rara vez se
formula así. No dice que el euro digital sea necesario: dice que la
alternativa pública que hoy sostiene a quien no puede con lo digital se
vuelve menos utilizable cada año, y que nadie ha propuesto otra.
Aprobado y en vigor
El BCE identifica el problema sin rodeos: las personas mayores y quienes
tienen pocas competencias digitales y financieras, dice, se enfrentan a
menudo a interfaces complejas, procesos de alta y autenticación en varios
pasos.
No es la tecnología de pago lo que excluye: es el alta , la autenticación
en varios pasos y el diseño de la interfaz . El matiz ordena todo lo
demás: el problema no se resuelve abaratando, se resuelve simplificando.
Propuesto, sin aprobar
La propuesta de Reglamento prevé que entidades públicas —incluidas
autoridades locales o regionales y oficinas de correos — distribuyan el
euro digital para garantizar una disponibilidad amplia, con atención expresa
a personas mayores , personas con discapacidad o limitaciones funcionales
y personas con competencias digitales limitadas.
Es el caso que más se pasa por alto, porque casi toda la comunicación del
proyecto muestra un móvil.
Propuesto, sin aprobar
La propuesta contempla que el euro digital se pueda usar con instrumentos
de pago físicos , no solo mediante una aplicación. El BCE menciona también
la posibilidad de co-badging en tarjetas físicas , es decir, ofrecer la
funcionalidad a través de canales que la gente ya conoce.
Circula, sin confirmar
No existe todavía una tarjeta del euro digital. Las imágenes y
descripciones que circulan de un supuesto soporte físico definitivo no
corresponden a un producto decidido: ni la forma, ni el emisor, ni el coste
del soporte están cerrados.
Crítica · Finance Watch
Organización de interés público sobre regulación financiera, con sede en Bruselas. Entrada de blog de 6 de mayo de 2026.
Sostiene que la opción de tarjeta física es imprescindible, y no
accesoria, precisamente para asegurar que las personas sin teléfono
inteligente o sin las competencias digitales necesarias no queden excluidas.
Qué se juega: Defiende intereses de consumidores. No representa a bancos ni a esquemas de pago, y su crítica pide más euro digital, no menos.
Opinión editorial
La diferencia entre que la tarjeta sea una opción y que sea una obligación
del esquema es toda la diferencia. Una opción se ofrece donde es rentable;
una obligación se ofrece donde hace falta. El texto, hoy, se lee más cerca de
lo primero.
Aquí la afirmación del BCE es fuerte, y conviene citarla tal cual.
Ese «no pueden tener» importa. Hay personas sin cuenta por elección, y hay
personas sin cuenta porque ninguna entidad se la abre. Para las segundas, un
canal público no es una comodidad: es la única puerta.
Crítica · Positive Money Europe
Organización de campaña sobre política monetaria. Análisis firmado por Vicky Van Eyck, diciembre de 2023.
Objeta que el acceso a través de intermediarios públicos esté restringido
a quienes no tienen cuenta o tienen necesidades de accesibilidad, y pide que
cualquier persona pueda acceder al euro digital mediante intermediarios
públicos y sin ánimo de lucro, no solo a través de bancos.
Qué se juega: Defiende una ampliación del dinero público. Su crítica apunta en sentido contrario a la de la banca, y conviene leerlas juntas.
Opinión editorial
Esta objeción merece atención porque procede del lado contrario al de la
banca, y las dos no pueden tener razón a la vez. Si el canal público se
reserva a los excluidos, acaba siendo una ventanilla de excluidos, con el
estigma y el abandono presupuestario que eso suele traer.
En desarrollo
Según el BCE, el diseño de la aplicación iría más allá de los requisitos de
la Ley Europea de Accesibilidad , con navegación completa por teclado,
compatibilidad con lectores de pantalla, diseño visual mejorado, lenguaje
simplificado y prevención de errores. Se han mencionado también operaciones
controladas por voz y visualización con tipografía grande .
Sin respuesta todavía
Nada de esto está verificado por terceros. No hay auditoría de accesibilidad
publicada, ni organismo independiente designado para comprobarla, ni
consecuencia prevista si la aplicación que distribuye un proveedor privado no
cumple. «Ir más allá de la Ley» es hoy una declaración de intenciones, no un
resultado medido.
Es la parte donde el euro digital promete algo que las tarjetas no dan.
En desarrollo
Entre las capacidades exploradas: fijar los pagos sin conexión por
defecto y una recarga automática de los saldos sin conexión, que el BCE
compara con «una forma automatizada de sacar efectivo de un cajero, pero sin
tener que ir físicamente hasta la máquina».
Opinión editorial
Conviene no adelantar el final. El modo sin conexión es, a la vez, la
funcionalidad más prometedora del proyecto para la inclusión y la que menos
garantías tiene de existir: es la técnicamente más difícil y la única cuya
incorporación el BCE sigue describiendo en condicional.
Grupo Qué se propone Estado Personas mayores Apoyo presencial en entidades designadas; interfaces simplificadas Propuesto y en desarrollo Sin teléfono inteligente Instrumentos de pago físicos; co-badging en tarjeta Propuesto , soporte sin definirSin cuenta bancaria Distribución por entidades públicas; servicios básicos gratuitos Propuesto ; afirmado por el BCEDiscapacidad Accesibilidad por encima de la Ley Europea de Accesibilidad En desarrollo , sin auditoría públicaMala conectividad Modo sin conexión, con recarga automática En desarrollo y en piloto Gratuidad Servicios básicos gratuitos para personas físicas Propuesto , en negociación
Sin respuesta todavía
Qué entra exactamente en «servicios básicos». La lista concreta —abrir y
mantener la cuenta, consultar el saldo, cargar y descargar, pagar y cobrar,
recibir un instrumento de pago— está en el texto en negociación. Lo que quede
fuera de esa lista será de pago.
Sin respuesta todavía
Quién garantiza el servicio si nadie quiere prestarlo. Distribuir
gratuitamente a clientes poco rentables es, para un proveedor privado, una
obligación sin ingreso. La propuesta la impone; no dice qué ocurre si la
calidad del servicio se degrada.
Opinión editorial
Si tuviera que señalar el punto más débil de todo el argumento de inclusión,
sería el último. El proyecto se defiende como respuesta a una tendencia que
avanza más rápido que él. Eso no lo invalida, pero obliga a decir en voz alta
que la inclusión de quien hoy no puede pagar digitalmente no depende del euro
digital: depende de que el efectivo siga siendo utilizable mientras tanto.
Fin del artículo